¿QUIEN EMPIEZA?.

¿Quien suele iniciar las relaciones sexuales? Independientemente de que las dos personas que forman una pareja deseen mas o menos la relación sexual, lo cierto es que por presiones socioculturales, históricamente ese ha sido otro feudo masculino. En el proceso de creciente igualitarismo entre los sexos, la iniciativa ya no parece ser responsabilidad mas que de quien tiene ganas de asumirla.

Los estudios realizados muestran que no hay razones, salvo los condicionantes culturales, que expliquen la prerrogativa que hasta ahora ha tenido el hombre de iniciar las relaciones sexuales.

Buscar el contacto intimo con la pareja es, por otra parte,una cuestión de personalidad: los tímidos probablemente tengan mas dificultades en este sentido, aun tratándose de la propia pareja. Las personalidades extrovertidas y animadas es muy posible que, dada su mayor impulsividad, busquen las relaciones sexuales tan pronto les apetezca, no dejando al cónyuge demasiadas ocasiones iniciar de estos agradables tramites.

Sin embargo, en el reparto de iniciativas sexuales en una pareja, lo mas importante es que la frecuencia de contactos corresponde a lo deseado por ambos, adaptándose uno a un mayor numero de relaciones de las que desearía y otro a menos de las que le apetecen, en función de la satisfacción mutua.

En tal caso no tiene importancia quien inicia el juego, mientras que, en caso contrario, evidentemente lo iniciara siempre el que tenga mas ganas, forzando la motivación del otro. De todas formas, las parejas a las que en la consulta sexual se les pregunta por este tema manifiestan sentirse mejor y mas seguras de su sexualidad al comprobar que el cónyuge inicia también las relaciones sexuales de vez en cuando, sino con la misma frecuencia.

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El estado de las relaciones sexuales conyugales afecta también la iniciativa y adaptación de las relaciones sexuales: después de una discusión conyugal, la reacción de muchos hombres es intentar hacer las pases a través de la sexualidad; mientras que la mayoría de las mujeres tienden a arreglar los problemas antes de meterse en la cama, considerando los acercamientos de la pareja en pleno estado de enfado como una desconsideración  y una forma de banalizar lo hablado anteriormente, actitud ante la que se muestran dolidas y desconcertadas, lo cual manifiesta una vez mas el concepto distinto que hombres y mujeres poseen de la sexualidad. La iniciativa en tal situación es, pues, frecuentemente rechazada y, aunque esa es una actitud predominantemente femenina, también es posible que ambos actúen en la misma linea, aparcando las relaciones hasta haber solventado el malentendido.

Por ultimo, no podemos dejar de mencionar la influencia religiosa, en que muchas sociedades y durante mucho tiempo ha fomentado un papel de sumisión sexual en la mujer, vedándole la legitimidad de experimentar placer y permitiéndole la sexualidad únicamente por su papel reproductivo y como forma de acatamiento a los deseos del marido. El papel de las ordenanzas eclesiásticas ha marcado (y aun marca) la dinámica sexual por parte de la mujer era considerada peyorativamente, al igual que un comportamiento sexual demasiado activo o ardiente.

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